
MI
Marina nació en Logroño, estudió la carrera de bellas artes y comunicación audiovisual, pasando en Cuenca los dos primeros años de estudios. Con la excusa de una beca marchó a Hamburgo (Alemania), donde permaneció los 4 años siguientes. Desde entonces y desde antes, se ha dedicado a encontrar los espacios donde conciliar en lo visual aquello que no lo aciertan las palabras… y según ella dice; por encima de todas las otras cosas, dice creerse escritora.
A su regreso a la península, mientras se encontraba en Madrid, conoció al Caracol; en los fríos pasillos del museo Reina Sofía de Madrid.
Sería Veronic, enfundada en su traje de azafata, quien se ocupáse de presentárselo; sacando de los bolsillos oscuros de un abrigo de uniforme las hojas perdidas de una libreta que tan fielmente guardaba. Ésta, esbozaba la historia; que no podía ser otra, que la del amor no correspondido entre una vaca llamada Sofía, como el mismísimo museo, y Caracol. Y que ya pululaba entre guardias de seguridad, taquilleros y demas personajes del museo; cuando fué a parar al puesto de audioguías, donde Marina ocupaba su lugar de trabajo. Ya fuese por su hábito de andar dibujando a hurtadillas tras el mostrador, que allí Caracol debió de encontrar el escondite idóneo donde reposar su casa a cuestas y confeccionar el caparazón que diese motor a su relato.
Hubieran transcurrido tres años cuando Marina marchó a Logroño, su ciudad natal, trayéndose a Caracol consigo.
Y a él, todo se lo consintió.
Ya había accionado la espiral, que articulaba tras de sí, cada uno de los personajes, lugares y horas de sueño que contasen la historia: La historia del Caracol Errante. Hasta más no discernir, a quien pertenecía ese caparazón.
